martes, 6 de febrero de 2018

Poniendo la mirada en María

Esperamos que el 2018 haya comenzado con muy buen pie. Si no ha sido así, no te preocupes, queremos invitarte a hacer una pausa para leer este post y, aunque ya estemos en febrero, a que pruebes después a arrancar de nuevo viviendo al estilo de la Madre de Dios. ¿Te animas a llevar este año un estilo de vida más mariano? Sí, así de claro, esta vez no vamos a andar con rodeos. Llegamos con retraso pero yendo directos al grano y está claro, hoy queremos poner la mirada en alguien muy especial: María.


Cuando sientas que los agobios se apoderan de ti, que las cosas no marchan como te gustaría, que ya no sabes qué hacer para romper una espiral que te está llevando a perder la alegría... ¡Para y mira! Te sonará a boda pero Ella estará ahí, siempre, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas todos los días de tu vida. Y con la sencillez y la humildad que la caracterizan no hará otra cosa más que permanecer a tu lado, como estuvo a los pies de la cruz de Jesús, esperando que tú quieras contar con su ayuda. Acudir a la Virgen es como apostar por la mejor opción porque contarás con su apoyo 24h diarias, 365 días al año. ¿Qué más quieres? Ante las dificultades dile con confianza: "Madre, enséñame a parecerme a ti, a tomar decisiones a tu manera, a imitarte a la hora de afrontar mis miedos".

También a María se le vinieron abajo muchos planes y le entraron numerosas dudas cuando el ángel Gabriel se le apareció para anunciarle la concepción de Jesús. ¿Te imaginas lo que podía sentir y pasar por la cabeza de esa joven chica que en aquellos momentos no era más que la prometida de un carpintero (José)? Seguramente no le debió resultar fácil elegir qué hacer en aquel momento y, en cambio, Ella no dudó del plan de Dios y siguió adelante. ¿Cuántas veces tú eres capaz de responder ese "Hágase en mí tu voluntad" y dejar los problemas en manos del Señor? ¿Sabes que eso nos hace más llevadero el camino?

Si tanto te preocupan la salud o que no te falte el dinero, que seguro que son dos fijos en tu lista de deseos cada año nuevo, no te olvides de incluir una tercera cosa que nunca debe faltar: ser rico en fe. Y para eso no hay mejor ejemplo que mirar a la Virgen María. Toda su vida fue un caminar tras los pasos de Dios y por ese motivo es la mejor maestra con la que aprender a escuchar lo que Él te quiere decir.


En nuestra entrada Creciendo con fe te contábamos que la oración y los dones que nos proporciona el Espíritu Santo eran algo muy importante y... María lo entendió bien. Ella supo ver que para discernir lo que esperaba Dios era importante buscar momentos de silencio en los que poder rezar y meditar. Si tú quieres intentarlo puedes probar a hacerlo en casa pero nosotros te invitamos, como ya hemos hecho otras veces, a que vengas a la Iglesia cualquier jueves (de 9:30 a 18:30h) a visitar a Jesús Sacramentado (Él también está deseando ofrecerte ese tiempo de descanso). ¡Ven un día de la mano de María y descubre lo que es llenar de paz tu vida! No te quejes más por lo que te pasa y pon tus problemas en la oración.

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!  

En definitiva, y ya para despedirnos, recuerda que decir María es decir... ¡tantas cosas!
  1. Libre esclavitud. La más libre de las mujeres entregando la vida libremente como la "esclava del Señor".
  2. Fuerte dulzura. Una dulce y joven madre llena de amor y ternura por su Hijo y a la vez tan fuerte que sufrió a su lado Su pasión y muerte sin desmayar.
  3. Elevada sencillez. Tan alta como para llevar al mismo Dios en tu seno, tan sencilla, como para ir enseguida a ayudar a Isabel y ante su saludo, entonar el Magnificat.
  4. Y, sobre todo, es decir Madre, con lo que conlleva esta palabra: guía, consuelo, ternura, mimo, ayuda, brazos que te levantan tras las caídas, lazarillo que te conduce en las noches oscuras, puente hacia la felicidad, hacia su Hijo.
Demos gracias a nuestra Madre por su SÍ, que nos abrió la puerta a la Salvación, y corramos a su encuentro y a seguir su ejemplo.

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