viernes, 28 de abril de 2017

Sé solidario, ten caridad, llénate de Amor y desborda bondad

En este mes de abril, en el que hemos rememorado la Pasión de Jesús y, sobre todo, hemos celebrado el inicio del tiempo Pascual, es cuando los cristianos debemos aprovechar para renovarnos, para cambiar nuestros hábitos e intentar mejorarlos. Es el momento de buscar una nueva forma de vida llena de Luz, de que inicies (reinicies o continúes) tu propio camino de fe, de intentar mantener la esperanza y de practicar la caridad.


La caridad debería ser la principal virtud de un cristiano. ¿Se puede pedir algo mejor que amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo? Jesús murió en la Cruz para salvarnos del pecado (incluido tú) y resucitó para que su Espíritu Santo habitara entre nosotros. Y con ese ánimo, con aliento de santidad y el valor suficiente, cada uno de nosotros, deberíamos derrochar esfuerzos por intentar ser mejores personas y, entre todos, algún día crear un mundo ideal. La realidad, sin embargo, es que actualmente formamos parte de una sociedad cada vez más egoísta. Las clases dirigentes no cesan de hablar sobre la globalización; pero sus acciones, con frecuencia, lo único que consiguen evidenciar es un claro interés particular, vacío de valores humanos, poco honestos y ajenos a la utópica igualdad que deberíamos perseguir. ¿Y a nivel individual? ¿Cuánto de solidarios somos con el sufrimiento ajeno? Seguramente, en más de una ocasión, muy poco. La sombra que arrastra el deseo permanente de mejorar nuestro estatus no anda lejos y eso hace que, a veces, giremos la mirada ante alguien que necesita nuestra ayuda si nuestra acción nos va a hacer salir de la zona de confort.

¿Crees que ese hubiera sido el modo de actuar de Jesús? De la caridad Él hizo el mandamiento nuevo: "que os améis unos a otros como yo os he amado". El Señor pide que te entregues, y que lo hagas de corazón, incluso con aquellos que te hacen daño; que te acerques al que está más lejos, que no te olvides de indefensos ni de los pobres. Y tal vez tú te preguntes... ¿acaso puedo hacer yo algo por esos pobres que andan lejos? ¡Siempre tienes alguna oportunidad! Nosotros desde aquí te invitamos a que, en estos días, te acerques hasta nuestro centro parroquial a conocer al grupo de Solidaridad con el Tercer Mundo. Hasta el próximo 30 de abril te esperan en una de las habituales campañas de Comercio Justo ¿te vas a quedar sin colaborar? 


San Pablo describe la caridad, a la que llama amor, y de ella nos dice que: es paciente y servicial. No se alegra de la injusticia sino que encuentra su gozo en la verdad; es carente de toda envidia y busca siempre el interés ajeno mejor que el propio. Disculpa y confía sin límites. ¡Haz todo el bien que puedas! La caridad es la virtud más grande que permanece junto a la fe y la esperanza. Mantén las tres a raya y conseguirás ejercitar la capacidad humana de amar hasta unos límites que seguramente todavía desconoces. Para ello, antes de despedirnos, queremos proponerte una cosa: prueba a ser más generoso contigo mismo, con los demás y con el Señor aunque no resulte fácil. ¡Quiérete, quiere, quiérele! ¡Disfruta de la alegría y la paz que esa experiencia te reportará! La caridad suscita la reciprocidad, es siempre desinteresada y generosa, es amistad y comunión.


¡Apuesta por la victoria del AMOR!

viernes, 31 de marzo de 2017

La Esperanza nunca se pierde

Seguramente empezaste el año con muchos retos y es posible que alguno se te haya quedado por el camino. Nosotros teníamos uno importante y de momento lo mantenemos: seguir contigo, mes a mes, compartiendo experiencias, despertando incertidumbres y poniendo a tu disposición algunas reflexiones que nos hacemos sobre temas cercanos al Señor. Y por eso estamos aquí de nuevo. 

Esperamos que la vida te esté sonriendo pero... si sientes justo lo contrario... ¡no te desanimes y sigue leyendo! 

¿Comenzaste a entrenar tu fe? ¿Cómo lo llevas? Ya te avisamos en la última publicación (si te la perdiste puedes leerla haciendo click aquí) de que no sería una tarea fácil y que te ayudarían a alcanzar tu objetivo la oración y los dones que nos proporciona el Espíritu Santo. Además, hay también otra virtud fundamental que no debemos, ni queremos, dejar pasar por alto y a la que vamos a dedicarle esta publicación. ¡Verás que esperanzador! 


Hablar de la Esperanza es adentrarnos a conocer ese estado en el que uno vive sin dejar de ver aquello a lo que aspira como algo alcanzable. En el catecismo (art. 1817) se nos define como “una virtud teologal, por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra". Es una disposición habitual y firme de hacer el bien; que tiene como origen, motivo y objeto a Dios; y que se sostiene en la fe y en la confianza.

Con frecuencia en nuestra sociedad es algo habitual ver a gente que únicamente confía en sus fuerzas y capacidades para sortear las dificultades y contratiempos del caminar diario. Y esto, cuando los problemas son demasiado grandes o complejos, tiene un recorrido muy corto que nos acaba conduciendo a la rabia, la impotencia, la decepción y la oscuridad si no conseguimos sobreponernos. Si eres de esos que se encuentran abatidos, que sienten que ya no pueden con su vida y que, cada vez, su panorama les parece más negro, queremos proponerte una reflexión. ¿Qué ocurriría si decidieras dar una oportunidad a Dios, si por una vez confiaras en su fuerza y su poder? No pierdes nada por probar. ¡Experimenta la esperanza cristiana que hoy te queremos dar a conocer!

Por ponerte un ejemplo... 

Imagina que deseas tener un novio o una novia, que te toque la lotería, encontrar un trabajo o cualquier cosa que te traigas entre manos en estos momentos y quieras conseguir. Por la esperanza humana pondrás todo tu empeño y usarás todas tus habilidades para lograr ese objetivo. Sin embargo, por la esperanza cristiana harás lo mismo con la certeza de que si está en el plan de Dios para tu vida, así sucederá; pero si no sucede, creerás firmemente que Dios tiene otro camino para ti, que te hará sentir una persona igual de plena y completamente realizada. La esperanza humana se agota en nosotros y en nuestras fuerzas, mientras que en la esperanza cristina se proyecta la eternidad bajo el poder del Espíritu Santo y la certeza de que Dios nunca nos abandona y de que dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman (Rom,.8,28).


Te recomendamos leer las catequesis del Papa Francisco sobre la esperanza cristiana. En ellas se nos presenta una esperanza basada en la certeza del “yo espero, porque Dios está junto a mi... Yo espero, tengo esperanza, porque Dios camina conmigo. Camina y me lleva de la mano. ¡Dios no nos deja solos!”. ¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos sentimos solos y desesperados porque nos hemos olvidado que Dios camina a nuestro lado? ¿Qué tragedia tenemos en nuestra vida que somos incapaces de superar? Lo que realmente nos pasa es que hemos perdido nuestra confianza en Dios, hemos perdido la certeza de “estar en camino con Cristo”.

¿Cómo está tu corazón? ¿De qué está lleno? ¿De ilusiones? ¿De agobios? ¿De ansiedades y estrés? “Quien confía en sus propias seguridades, sobre todo materiales, no espera la salvación de Dios... La esperanza cristina se expresa en la alabanza y en el agradecimiento a Dios que ha inaugurado su Reino de amor, de justicia y de paz”.

Si tienes curiosidad y quieres saber más puedes descargarte gratuitamente los textos del Sumo Pontífice en su página web. Estas catequesis sobre la esperanza comenzaron a publicarse el 7 de diciembre y nosotros, a modo de aperitivo espiritual, te dejamos por aquí el enlace a la que publicó el pasado 1 de marzo con motivo del inicio de la Cuaresma:


¿Para que te sirve la esperanza cristiana?
Pues básicamente para dos cosas: 
  1. Para aprender a esperar y para no desesperar. Nos impide caer en el desánimo aunque atravesemos situaciones de dolor y dificultad. La esperanza nos empuja al encuentro con Dios que renueva nuestro hombre interior. Por la confianza en Dios sabemos que todo está en sus manos providentes, aunque no entendamos. Por la esperanza seguimos caminando con la certeza de que se nos mostrarán caminos luminosos para nuestra vida o para la vida de los que amamos, aunque caminemos en penumbra o angustia en el tiempo presente. En este sentido, María es ejemplo de fortaleza en el dolor que, después de contemplar el terrible sacrificio en la cruz de su hijo amado, no se desespera y continúa confiando hasta el punto de acompañar a los apóstoles en la nueva misión de la Iglesia.  
  2. Para ayudarnos a no temer la adversidad. No debemos tener miedo de las dificultades ya que son ellas las que nos hacen sentirnos frágiles y débiles y nos empujan a aferrarnos a Dios en todo momento. En Dios hallamos la fuerza y la motivación para perseverar en la virtud, y esto es lo que fortalece nuestra vida interior y nuestra esperanza. Experimentar el amor de Dios es clave para no desfallecer: si Él nos ama, ¿cómo no va a desear en todo momento nuestro bien y nuestra plenitud aunque nos cueste verlo en medio de nuestra dificultad?
¿Cómo alimentar la esperanza?
No hay otro camino: la esperanza se alimenta de la intimidad con Dios. Cuando hay intimidad con Dios, crece la esperanza y cuando hay esperanza, crecen la alegría y la paz. Dios nos invita a intimar con Él:
  • A través de la oración. La esperanza no es una actitud pasiva sino que va totalmente unida a una vida perseverante de oración. Es la intimidad con Dios lo que te hará esperar porque estando cerca de Él podemos esperarlo todo. Si no hay esa intimidad, volvemos a la esperanza humana que pone su confianza en las propias fuerzas o en el azar.
  • A través de la Palabra. La Palabra nos revela la alianza de amor que Dios hace con el hombre a lo largo de toda la historia de la humanidad. Si Dios ha estado siempre cerca del hombre a pesar de la reiterada infidelidad y maldad de éste, ¿cómo podemos pensar que no va a estar ahora igual con nosotros?
  • A través de los sacramentos. Dios se manifiesta en cada sacramento, se hace presente y real. Cada sacramento es una renovación de su amistad y de su entrega por cada uno de nosotros. En el sacramento recibirás una lluvia de bendiciones que te animará, te fortalecerá y te empujará a seguir caminando.
Por eso... camina, pasito a paso, camina sin parar, camina como un niño ilusionado, camina hacia el altar. Nunca dejes de leer, no pares de recitar: 

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Y para terminar te proponemos que en "Israel" pongas tu nombre y digas:

“Espera Israel en el Señor, Espera Israel en el Señor, ahora y por siempre. Espera Israel en Dios”. Como dice el Papa... “la esperanza no defrauda".



lunes, 27 de febrero de 2017

Creciendo con fe

¿Te apetece, antes de nada, volver a recordar nuestra primera publicación? Puedes leerla aquí.
¿Por qué te invitamos hoy a hacer esto? Pues es muy sencillo... ¡estamos de cumpleblog! 

Hace justo un año, cuando febrero estaba a punto de terminar, decidimos dar un importante paso adelante y unirnos a las redes sociales con el objetivo de invitarte a descubrir el infinito Amor que Dios es capaz de darnos; de intentar enseñarte, poco a poco, todo lo que con Él tú también puedes hacer por los demás; y, por supuesto, de animarte a participar en nuestras actividades.


¡Él también quiere que te sumes a la fiesta! 

Y así, para ir empezando la celebración, te proponemos que dediques cinco minutos a pensar y buscar respuesta a las siguientes preguntas. Luego, si quieres, puedes dejarnos un comentario con tu opinión. 

¿Tú tienes fe? ¿Por qué? 

En nuestra parroquia comenzamos a reflexionar sobre el tema después de ver este vídeo que a mediados de enero lanzó el padre Patxi Bronchalo y hoy traemos las conclusiones a las que hemos llegado.


Aprovechamos este espacio, antes de seguir, para dar las gracias públicamente a todos los que, anónima pero activamente, se han animado a dedicar un poco de su tiempo al blog de la parroquia (que somos todos). ¡Vuestra participación es una alegría, no sabéis el valor que tienen las reflexiones que generosamente habéis compartido! Y ahora, sí, al lío...

¿Qué es la fe?
La fe es esa virtud que nos ayuda a creer en la existencia de Dios, en la vida eterna y en todo lo que la Iglesia nos enseña. Es esa voluntaria disposición a pensar que lo que el Evangelio nos revela es verdad. Es saber aceptar dogmáticamente, entre otras cosas, lo siguiente:
  • el hecho de que Dios se hizo hombre.
  • que vino hasta nosotros encarnado en su hijo Jesucristo.
  • que murió, resucitando después, para salvarnos.

Y aceptar todo esto es muy bonito pero, a la vez, puede resultar difícil. ¡Qué nunca se venga abajo tu ánimo!

¿Por qué tengo fe?
Al católico que ha vivido la fe, como un pilar fundamental dentro de la familia, le resulta más sencillo caminar abrazado a sus creencias. Es algo que tiene interiorizado y que forma parte de su modo de vida. Ante la pregunta ¿tú tienes fe? responden un sí rotundo. Y cuando añades ese ¿por qué? te dicen que porque no entenderían su vida sin Dios y muestran su agradecimiento al Padre por ese regalo que les hace. 

Cuando uno es católico por tradición, no practicante (o recientemente reconvertido), la respuesta ya no está tan clara. No saben bien qué es eso de la fe; creen en Dios pero tienen muchas dudas, miedos y, a veces, algunos prejuicios. Sabemos que cuesta comprender que alguien fuera capaz de sufrir tanto por ti, por mí, por nosotros... y tal vez por ello, para no sentirse culpables ni en deuda, en muchos casos optan por coger el camino fácil, que es negar esa locura de amor.

¿Cómo vivo la fe?
Pues cada uno a su manera, como Dios provee. ¿Acaso no son variadas también las razones por las que llegamos a tenerla? Eso sí, una vez que, libremente, tú también decidas que quieres ser una persona de fe ¿sabes qué te ayudará a entrenarla? La oración y los dones que nos proporciona el Espíritu Santo. 

A través de la oración conoceremos la ciencia de Dios (su pensamiento), y meditando su mensaje nos llegará el don del entendimiento. Entonces, con sabiduría, podremos ver mejor lo que es bueno para nosotros. Se encenderá el deseo de transmitir a los demás lo aprehendido y, con nuestro comportamiento como principal ejemplo, intentaremos emitir siempre buenos consejos. Que de esa forma el Señor despierte en los demás las ganas de buscar el amor y la alegría que, gracias a Él, nosotros recibimos. ¿Y si alguien me dice que no tiene fe e intenta llevarme a su terreno y me siento en peligro? ¿Qué hacer? Con fortaleza seremos capaces de defender la fe cuando sintamos que intentan atacar nuestras creencias. Piadosamente pediremos al Señor que abra los ojos de los incrédulos y que, ya puestos, fruto de su misericordia, mantenga igualmente abiertos los nuestros porque Él ya sabe el temor filial que nos inspira.

La fe no es igual para todos y tú, tal vez, puede que todavía no sepas bien si la tienes. No esperes que hoy, aquí, te resolvamos todas las dudas. Semejante hazaña no está en nuestras manos pero, al menos, sí que podemos recomendarte que busques la cercanía de Dios porque Él es quien tiene la clave. ¡Dale un voto de confianza! Y aunque pueda ser tiempo de carnaval no hace falta que te disfraces. Para sentir la fe no es necesario ir de superhéroe, ni nada por el estilo, limítate a vivir con naturalidad buscando siempre hacer el bien porque... La fe es sencilla (tal como se titula la agradable lectura que te recomendamos de José Mª Avendaño, vicario general de nuestra diócesis).

¿Qué es para ti la fe? ¿Cómo la vives? ¿Quieres comenzar a entrenarla con nosotros?