Ya estamos aquí un mes más y esta vez venimos, muy contentos, a desearte...
¡Feliz navidad!
Es posible que lleves días, o semanas, recibiendo un montón de felicitaciones llenas de buenos deseos para estas fechas. Por ese motivo, hemos comenzado a redactar haciéndonos una pregunta... ¿te llegó ese bonito mensaje que, imitando una carta del propio Jesús, invitaba a reflexionar sobre el verdadero significado de lo celebramos cada 24-25 de diciembre. No importa si no lo leíste pero sí que no tengas claro qué es lo que da sentido a todo lo excepcional que cada fin de año vivimos los cristianos. ¿Sabes que el principal motivo de festejo no es otro que rememorar el alegre nacimiento de Jesús o, lo que es lo mismo, celebrar su cumpleaños?
Hemos pasado cuatro semanas preparando su venida y esto, al igual que a nosotros, es lo único que en estos momentos debería llenarte de verdadera alegría. ¿Está mal salir con los amigos y brindar con ellos? ¡No, siempre que se haga por algún buen motivo y con moderación! Lo triste es que para muchos comer y beber es el único motivo del encuentro y que una vez que empiezan no saben poner freno después. ¿Y qué pasa con los regalos? Pues que a nadie le amarga un dulce pero piensa qué vas a comprar, gasta con cabeza y, sobre todo, reserva el mejor regalo para ese "niño" que vino al mundo para ser tu salvación.
Sabemos que son días de trasnochar y dormir poco, hazlo con cabeza y, tal como comentábamos al iniciar el Adviento, mantente en vela. Dios está más cerca de ti de lo que imaginas. Permanece atento, ten cuidado, no sea que pase por tu lado y tu ceguera haga que no lo veas. Muéstrate sencillo, humilde y austero, abre tu corazón a la llamada de Dios. Lleva su voz por el mundo y, como propósito de año nuevo, márcate el objetivo de ser un poco mejor.
¿Quieres algún consejo? Pon en práctica todo lo que puedas de la bonita letra de esta canción titulada "Hay que sembrar en Navidad":
Despierta de un grito tu alma dormida y ayuda al que sufre a tu alrededor.
Enciende una estrella donde haya penumbras, abriendo tu puerta a quien pida amor.
Hay que alegrar la mirada de un niño, con Reyes de Oriente, con una canción. [...] Comparte algo tuyo con quien tenga menos; Palabras, consuelo, calor y amistad.
Ayuda al perdido a hallar su camino y saca a ese joven de la oscuridad.
Olvida rencores, y viejas heridas, y llena la vida de aromas de paz.
[...]
Y, por si quieres escucharla, aquí te dejamos un vídeo que hemos encontrado.
¡Nos vemos el año que viene! ¡Qué el 2018 venga lleno de amor, fe, esperanza, caridad y todas esas cosas buenas que puedas imaginar!
Noviembre es un mes que puede parecer oscuro a los ojos de la sociedad actual. A pesar del calentamiento global al que nos enfrentamos, que está retrasando cada vez más la llegada del frío, es el momento en el que comienza a hacerse más patente la decrepitud natural. Los días ahora son más cortos, el sol calienta menos, los árboles van perdiendo sus hojas y parece que el mundo fuera a morir y paralizarse. Es habitual incluso que el ser humano en estas fechas se sienta también algo decaído y, no sabemos si para mitigar la nostalgia que provoca recordar tiempos mejores o creyendo que así se prepara para las fiestas que vendrán, paradójicamente, suelen ser fechas en las que mucha gente se echa a la calle.
Superado el siniestro
Halloween cada vez más personas quedan, inmediatamente después, inmersas en la "Navidad". ¿Es tu caso? ¡No te dejes arrastrar que todavía falta para el 25 de diciembre! Anímate mejor a empezar con buen pie el año litúrgico nuevo y a vivir de una forma diferente todo el tiempo de Adviento que nos preparará para ese especial acontecimiento.
Acabamos de pasar el
Black Friday (o weekend, o incluso la semana entera para muchos
negocios), está superado también el Cyber Monday y en el ambiente
parece que empiezan a respirarse altos niveles de cierto consumismo
desmedido y, dicho sea de paso, de contaminación también (y esto último no es únicamente
consecuencia de la escasez de lluvias que estamos viviendo sino que, igualmente, es, en parte, nuestra responsabilidad. Deberíamos
cuidar y amar más lo que un día Dios creó).
Pero, bueno, no venimos hoy a darte una clase de ecología ni tampoco a decirte que no consumas. Casi más bien lo contrario, queremos aprovechar la ocasión para invitarte a realizar un gasto moderado y justificado. Antes de comprar algo para ti piensa si lo necesitas. Si tu idea es hacer un regalo a otra persona busca algo que tenga un valor añadido. Tal vez, entre otras alternativas, una buena opción sea adquirir productos de Comercio Justo y... ¡estás de suerte! Ven estos días por el centro parroquial y echa un vistazo a lo que te ofrecemos en la habitual campaña de navidad que organiza nuestro grupo de Solidaridad con el Tercer Mundo.
Por otro lado también vamos a aprovechar esta publicación para agradecer la participación y solidaridad de todos los que se acercaron hasta el 8º evento solidario a favor de Project Acchieve. Sabemos que la comida tuvo mucho reclamo y que prácticamente se agotó todo; que la mesa de la escritora Patricia Asedegbega vendió todos los libros publicados para la ocasión; y que, también, el mercadillo y las subastas tuvieron mejor aceptación que el año pasado. Seguro que la asociación de mujeres extranjeras casadas con nigerianos "Nigerwives" se alegrarán al recibir la cantidad recaudada este año. Los algo más de 4500€ que se recogieron serán una importante ayuda que mantendrá activo ese centro escolar para niños con necesidades especiales en Warri
(Nigeria). ¡Ojalá en 2018 se puedan alcanzar los 5000€!
Y así, hablando de cifras y donativos, nos estamos acordando de algunas lecturas de este mes. Se nos viene a la cabeza el reciente Evangelio según San Lucas (21, 1-4) en el que una pobre viuda dona los dos reales que tiene para vivir. Compartir lo que te sobra con los demás está muy bien pero no es eso lo que el Señor te pide. Tampoco quiere que te quedes pasando hambre, ni que regales todo lo que posees, no, no es eso, lo que espera de ti es algo más profundo. Quiere que te entregues completamente a Él, que le tiendas tu mano y pruebes a ir dándole, poco a poco, tu confianza.
Y que, como hizo Jesús por cada uno de nosotros, todo lo que tú hagas sea siempre buscando el mayor beneficio del que tienes al lado más que el tuyo propio. De nada servirá que poseas la mayor riqueza del mundo, ni que tu vida aparentemente resulte perfecta porque si sacas a Dios de ella lo habrás perdido todo.
¿Eres cristiano? ¿Estás bautizado? Pues si es así, te guste o no, deberías ser una persona menos preocupada por lo material y más por lo espiritual. El bautismo te hizo hijo de Dios y por eso mismo el fin es caminar por el mundo mirándolo a Él y no a tu ombligo. Parece que hoy en día diera miedo todo lo que huele a fe, lo que implique creer en Dios y lo que la Iglesia enseña, pero tener la valentía de dar ese primer paso para intentar descubrir las bondades y la inmensa misericordia del Señor puede cambiar tu vida. Y es más fácil de lo que imaginas (si no leíste en su momento la publicación Creciendo con fe te recomendamos que la eches un vistazo ahora).
Si crees que la felicidad se consigue gastando y acumulando... ¡mala señal! No se trata de perseguir el éxito personal
más que el global, ni de creer que cada acto que realizamos tiene que ir
dirigido a conseguir la propia autosatisfacción. No, volvemos a repetirlo, no es eso. Puede que pienses que no estás haciendo las cosas mal, o que incluso te arriesgues a justificar todo lo que haces, pero lo que deberías preguntarte es ¿estoy haciendo todo el bien que puedo? A un cristiano no debería valerle seguir a la masa ni decir "esto es normal, todo el mundo lo hace". No pierdas el punto de referencia, que es Cristo Rey, y sigue su ejemplo. Su corona fue de espinas, su trono una cruz y su valor cumplir la voluntad de Dios para ser nuestra salvación. Y todo ello sin necesidad, gratuitamente y por amor. La vida del que sirve siempre resulta más llena que la de aquel que es servido. Da más alegría entregar que recibir. Así que... no te olvides de poner en práctica, con la mayor frecuencia que te sea posible, las obras de misericordia.
En definitiva sé mejor una oveja libre dentro del rebaño de la Iglesia que una cabra loca perdida en el mundo. Ya lo dijo Jesús:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." (Mateo 25, 34-36)
Y haz todo esto con la ilusión de estar amando al mundo y a Dios, a la vez que con la humildad suficiente para no llenarte de orgullo buscando tu propio reconocimiento. Hoy,
con esta publicación, queremos que hagas una pausa y reflexiones sobre las siguientes preguntas: ¿Sabes que
todos los cristianos estamos llamados a ser Santos? ¿Cómo vives tú ese
camino hacia la santidad? Si te perdiste esa misa y su evangelio, que hablaba de talentos de plata pero iba mucho más allá, te vamos a contar resumidamente qué puedes hacer para seguir esa senda:
Dios quiere que saques partido a tus talentos y éstos no han de ser cualidades especiales que únicamente poseen unos cuantos elegidos. Insistimos... no, no es eso. Tampoco intentes escurrir el bulto diciendo que tú no tienes nada que ofrecer. Eso no es verdad. Lo que el Señor quiere es que cultives tus virtudes naturales y, por ejemplo, mires la vida como un regalo que Él te hace cada mañana. De hecho será el mejor regalo de todos los que puedas recibir. Y le gustaría que vivieras con fe, arriesgando, y amando todo lo que puedas porque ese talento, no tienes excusas, lo tenemos todos. Cualquier pequeña acción puede tener un precio inestimable, no te subestimes y si notas que te falta seguridad pon tu mirada en esa mujer fuerte y virtuosa que se elogia en los proverbios (31, 10-31) o en esa otra, Virgen fiel y Madre del Salvador, a la que tanto te puede recordar. Esfuérzate este mes que va a comenzar y preocúpate no solamente de dar a los demás sino también de dejarte tocar por Dios. No importa que llegues a Él con las manos vacías y con un oscuro pasado, su misericordia es infinitva y le basta con que lo intentes pero a veces eso es lo difícil... ¡hay que intentarlo!
Santo no es el que no cae nunca sino el que siempre se levanta. Recuerda que la confesión es esa lavadora que Dios pone a tu servicio para limpiar tus pecados (ya te hablamos de la reconciliación aquí). Así que, suponemos que ya lo sabes pero te lo recordarmos: el Señor te está esperando, no hay cosa que más desee que reencontrase contigo y formar un fantástico equipo que luche por hacer el mundo un poco mejor. Levanta la
vista y sigue adelante, vas a encontrar motivos varios para ver la luz y no caer en el
letargo. Que tu objetivo estos días sea gastar y gastar pero todo el bien y el amor que llevas dentro. Alegrarás a los demás y tu vida tendrá más sentido.
Nos vemos en unas semanas para celebrar, entonces sí, una feliz navidad.
¿Estabas echando de menos nuestra publicación mensual? Normal, venimos con unos días de retraso... ¡esperamos que no lo tengas en cuenta, lo importante es que ya estamos aquí!
En el mes de septiembre te hablábamos sobre el perdón (puedes leer aquí la entrada) y te comentábamos que retomaríamos el tema. Así que, para no dilatarnos más, vamos a seguir hablando de ello en esta ocasión. Nos despedimos rezando el Padrenuestro y con una nueva meditación sobre él hemos vuelto. ¿Por qué? Porque es la oración por excelencia de todo cristiano y la que nos propone el Evangelio (Mateo 5, 9-15).
Sabemos que tenemos un mandamiento primordial que es Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como uno mismo. Y si te paras a pensar un poco no te costará darte cuenta de que esto lleva implícita otra importante tarea: perdonar. Y eso mismo es lo que le pedimos a Dios cada vez que rezamos con la oración que Él nos enseñó:
"perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"
Y Mateo advierte en los dos últimos versículos arriba citados:
"Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial.
Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados".
¿Te das cuenta de lo que supone una reconciliación? ¿Eres consciente de lo que implica? Es tener siempre abierta la puerta de la esperanza. Si quieres verlo de manera más gráfica, a través del arte, te animamos a que, antes del 12 de noviembre, realices una escapada hasta la ciudad de Cuéllar y visites la exposición de las Edades del Hombre.
Reconciliare, que es el título y temática de este año, se ha estructurado en torno a un preámbulo y cuatro capítulos distribuidos, en tres iglesias de la pequeña y bella localidad segoviana, de la siguiente manera:
Iglesia de San Andrés (Preámbulo y Capítulo I)
Iglesia de San Martín (Capítulos II y III)
Iglesia de San Esteban (Capítulo IV)
Comienza el recorrido con un audiovisual sobre el caos del que se originó el mundo y el desorden que hoy día también tenemos en la sociedad actual. Continúa intentando encontrar sentido a toda esta desorganización y para ello nos propone una mirada a las primeras
páginas de la Biblia (al libro del Génesis). Podrás ver que ya desde los inicios se encuentra un Dios misericordioso que siempre da una nueva oportunidad, a pesar de la tendencia del ser humano a pecar y a crear fricciones y divisiones.
En la iglesia de San Martín te encontrarás con la historia de la liberación de Israel, narrada en el Éxodo, en la que las proezas del Señor son contempladas, en esta ocasión, a través de los versos del salmo 78 (con Moises y David como principales protagonistas). Esta segunda parada de la exposición recuerda que todo lo mostrado forma parte de algo más grande que culminaría con la llegada de Jesús, fruto bendito del vientre de la Virgen María, de quien podrás contemplar algunas esculturas.
El tercer capítulo, que ya comienza a adentrarse en las páginas del Nuevo Testamento, te mostrará a ese Dios que siempre deja lugar para el reencuentro, que constantemente invita a optar por el amor aunque muchas veces puedas preferir ignorar su opción. Sabemos que es muy fácil entrar en esos caminos sinuosos que te ponen en peligro y te hacen reaccionar con violencia, egoísmo, envidia, desazón... ¡por ello es importante que te pongas en las manos de Jesús en cuanto tu estabilidad se tambalee!
La exposición mira con esperanza el dolor y el sufrimiento y te invita a reflexionar sobre la siguiente cuestión: ¿Debemos reconciliarnos con Dios o entre nosotros los hombres con el objetivo de buscar una convivencia en armonía? Así, sin acercarte hasta Cuéllar, dinos... ¿tú qué opinas? Anímate a compartir tu opinión y déjanos un comentario con tu respuesta.
Jesús mismo se ha encargado de mostrarte que Dios siempre está dispuesto a recibirte y a redimirte. Su vida fue un ejemplo de entrega, de perdón, de liberación, de sanación, de verdadera justicia y, sobre todo, de puro amor. Y eso es lo que se pide que hagamos: AMAR. Él fue una muestra viva de la inmensa misericordia del Padre hacia nosotros y aún hoy su Santo Espíritu sigue manifestándose en la vida de mucha gente, tal como nos invita a descubrir la última parada de la exposición.
El hombre fue creado para compartir con los demás el cariño que guarda su corazón. ¿Por qué? Porque en su naturaleza va implícita la búsqueda de la felicidad y no hay mayor placer, ni cosa que dé mayor paz y alegría, que hacer el bien.
Es cierto que si miras a tu alrededor lo que más vas a encontrar son noticias trágicas, gente que se siente desolada, historias que esconden grandes fracasos, orgullos rotos y muchas esperanzas desvanecidas. Y a veces puede parecer que estuviésemos obligados a vivir en un mundo amargo cuando no es así. No se trata de mirar lo que hacen los demás y juzgarlos o criticarlos. Tampoco de menospreciar al que tenemos al lado si piensa o actúa de manera diferente a la nuestra, ni si no entendemos su forma de luchar por un mundo mejor y más feliz. No es cuestión de sentirnos el ombligo del mundo y creernos un ejemplo para los demás porque estaríamos cayendo en el pecado de la soberbia. En esta ocasión queremos proponerte algo muy sencillo... ¿por qué no pruebas durante el mes de noviembre a intentar ser más generoso, a levantar la mirada, a observar, escuchar y ayudar a aquel que lo necesite? Si hace falta pon tu vista en lo más alto, pide ayuda, y pregunta antes de hacer nada ¿Señor, cuál es tu voluntad? Cada noche antes de acostarte revisa tus actos y anota en un papel aquellos que te gustaría mejorar. Y si ves que pasa el tiempo y no lo consigues no te entristezcas porque en
ese estado, al igual que si guardas rencor o preocupación por algo, no
podrás amar. Si sientes que tus fuerzas flaquean no olvides que Dios
siempre tiene un plan B del que ya te hemos hablado bastante:
Reconciliación.
O, lo que es lo mismo, el sacramento de la Penitencia (o confesión para que nos entendamos). Si estás recién aterrizado y te cuestionas qué es. Te lo explicamos:
Resumiendo mucho, mucho, mucho... la penitencia es el sacramento por el que un sacerdote perdona tus pecados. San Juan Pablo II, en su exhortación apostólica post-sinodal Reconciliatio et Paenitentia, dice que la penitencia es "cambiar la vida en coherencia con el cambio de corazón" y va de la mano de la reconciliación porque "reconciliarse con Dios, consigo mismo y con los demás presupone superar la ruptura radical que es el pecado, lo cual se realiza solamente a través de la transformación interior o conversión".
Un cristiano debe caminar siempre hacia la santidad. Y a la vez debemos ser muy conscientes de que conseguirlo no está en nuestras manos sino que es, ante todo, un don misericordioso de Dios al hombre.
El primer paso para tu conversión es sentirte pecador y reconocer que no eres todo lo perfecto que te gustaría. Revisa tu vida, busca qué es lo que no has hecho del todo bien y después trabaja el segundo paso. Responde con sinceridad: ¿te hubiera gustado hacerlo mejor? Si la respuesta es sí ¡enhorabuena, eso es señal de arrepentimiento! Si no encuentras nada malo, raro, rezaremos por ti porque sabemos que, aunque tú no quieras saber nada de él, el Señor te quiere. ¿Te preguntas qué viene ahora? Otra cuestión: ¿te gustaría hacerlo mejor la próxima vez? ¿Vas a intentar no repetir el mismo fallo? Si tienes ganas de mejorar es que hay propósito de enmienda y estás a punto de llegar al final. Querer perfeccionar lo realizado es querer obedecer a Dios y la mejor forma de coger fuerza para continuar es acudir a pedirle perdón, a sentirte perdonado y solicitar su ayuda que te aseguramos, aunque a su manera y en sus tiempos, llegará. Es cuestión de confiar en Él, de no perder la fe.
¿Conoces la
parábola del hijo pródigo? Si es que sí... ¡genial, ya sabes de qué va!
Si es que no... la referencia, por si te apetece
leerla, es Lucas 15, 11-32. Y si eres de los que prefieren que se lo cuenten, que siempre es
mucho mejor porque te la podrán explicar, te invitamos a que te
acerques a algún sacerdote y le preguntes si te puede
hablar de ella.
Nos vamos a ir despidiendo, esta vez no hasta el mes que viene porque esperamos regresar a finales del presente, pero nos alegraría si antes de ese día te animas a reencontrarte con el Señor. En nuestra parroquia puedes confesar antes de las misas, los jueves de 12:30 a 14h (día en el que Jesús Sacramentado también está esperando que lo visites) o siempre que lo solicites y acuerdes una cita con el sacerdorte. ¡Experimenta la misericordia de Dios y descubre cuánta paz te puede dar! Y no lo decimos nosotros... ¡lo dice el Papa!