lunes, 25 de septiembre de 2017

Da gracias, pide perdón y perdona

Da gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia, porque nos ha permitido ir retomando las actividades un curso más, porque ha querido que volviésemos a escribir por aquí y, sobre todo, porque te quiere tanto que te mantiene con vida en este momento para que, justo ahora, estés leyendo nuestra publicación.

¿Qué tal te ha ido el verano? ¿Has sido feliz? ¿Has podido descansar? Si es que sí... ¡no alegramos enormemente! Si por el contrario crees que podría haber sido mejor no te desanimes. Hoy vamos a proponerte varias cosas, para ir olvidando los sinsabores estivales, y hablarte de algo muy importante, para borrar las penas, que además ha sido un tema recurrente este mes: el perdón.


En primer lugar queremos avisarte de que ya se está preparando una nueva edición de Alpha y nos alegraría enormemente contar con tu presencia (real y no a través de la pantalla). ¿Qué es eso de Alpha? Una actividad que cada año organizamos, con todo nuestro cariño, y que te permitirá descubrir en qué estado tienes la fe, reflexionar sobre los motivos por los que la tienes y empezar a entrenarla.  Si no sabes qué es echa un vistazo a este post antes de seguir. ¡Ah! Sabemos que mucha gente, desconocemos si tú eres de esas personas, piensa que todo lo que hacemos en la iglesia es porque queremos captar a la gente o algo así. No vamos a negar que lo puede parecer pero sí que te aseguramos que no es lo que buscamos. Aquí nunca obligamos a quedarse a nadie, eres tú quien elige lo que quiere hacer; no nos enfadamos si vienes un día y más tarde decides no volver (por el motivo que sea, no tienes la obligación de dar explicaciones); y en cambio sí que nos da la vida, y creemos que te la puede dar a ti también, cuando el Señor nos deja hacer (o nos entrega) algún regalo. Y Alpha es eso justamente: el regalo que queremos darte y el que tú nos devuelves al participar. Te invitamos a conocer gente, a cenar, a charlar y a experimentar algo que, en los tiempos que corren, únicamente es apto para valientes. ¿Qué dirán tus amistades si se enteran de que estás pensando venir al centro parroquial? ¡Atrévete a comprobarlo! O, mejor, reta a tus colegas también y veniros juntos a cenar y a comprobar en primera persona lo que hacemos en Alpha. Luego, si te apetece, hasta podrás juzgarnos libremente sin que nadie pueda decirte "hablas sin saber". ¿Cuándo es la cita? El próximo día 5 de octubre a las 20:30h. Te dejamos por aquí la invitación con más información. Avísanos con un comentario si quieres que te reservemos la plaza o, si lo prefieres, contacta con nosotros en el teléfono 619 773 971 (puedes mandar un WhatsApp).


Si crees que Alpha no es lo tuyo, si lo has probado y no has encontrado lo que buscabas, si te sientes vacío y andas tan perdido en la vida que ya no sabes cuál es tu camino... queremos proponerte otro plan. Ven a conocer nuestro grupo de oración de los lunes por la tarde (de 17:30 a 19:30h). Podemos respetar que todavía no te veas preparado y no te atrevas a acudir a la Santa Misa pero... si no te alimentas ¿crees que podrás sobrevivir también sin respirar? La oración es aire fresco para tu espíritu, ¡ventila con ella tu vida!, y seguro que, si coges el hábito, empezarás a sentirte mucho mejor. Y, ojo, que por hábito nos referimos al significado de hacer algo rutinario. No creas que vamos a vestirte de manera especial, ni vamos a encerrarte en ningún convento. Eso, si acaso, Dios proveerá y tú lo verás (y nosotros contigo si nos avisas).

Por otro lado, si no quieres compromisos, si prefieres algo que no esté sujeto a horarios estrictos, si eres de esas personas a las que, cuando viajan por ahí, les gusta asomarse a las iglesias para descubrir qué esconden... ¡te lo vamos a poner muy fácil esta vez! ¡Tienes que venir algún jueves a nuestra parroquia! ¡Jesús Sacramentado te espera! Él es lo más importante, y lo que todas las iglesias tenemos en común, aunque a veces no todo el mundo se da cuenta. Ven a su encuentro antes de las 18:30h y no te asustes que, salvo que llegues entre las 12h y las 12:30h, lo que te ofrecemos es un lugar de silencio, descanso, encuentro y paz. Un espacio para meditar y pasar un ratito con la mejor compañía. ¡Ah! Si el "ladrón", que allí tenemos encerrado, se hace con tu corazón, busca al "policia" del confesionario, te ayudará a tener con él una bonita reconciliación.


Y ahora sí, así, hablando de conciliaciones, de restituciones o reencuentros, vemos que le está llegando el momento al perdón. El tema es amplio y seguro que lo retomamos pero, en esta ocasión, seremos breves porque no queremos que la entrada se extienda demasiado.

Perdonar es, como buen quitapenas, lo que nos va a ayudar a cambiar esa conducta negativa que se activa en nosotros cuando alguien, o algo, nos hace daño. Es verdad que te va a proporcionar un sentimiento mucho más gratificante que el del rencor; pero también es cierto que no es una tarea fácil de realizar porque conlleva una gran implicación personal. Pedir perdón, tanto como perdonar, es hacer un acto de humillación, nos obliga a rebajarnos y mostrarnos más humildes, exige generosidad y requiere mucho AMOR.
Vaya, que resulta casi más sencillo empezar antes a hacer otras cosas como, por ejemplo, acudir a misa los domingos. ¡Piénsatelo si todavía no lo haces! 
  
Perdonar requiere compromiso por tu parte y determinación, se necesita tiempo y dar los siguientes pasos:
  1. Reconocer que se ha sufrido un dolor pero dejar de quejarte por lo ocurrido y de analizar si fue justo o no. 
  2. Coger distancia para intentar ver, de la forma más objetiva posible, los motivos que llevaron a originar ese malestar. Es el momento de intentar empatizar con el otro o de buscar en nuestro interior la causa del sufrimiento.
  3. Dejar de dar vueltas al daño recibido y de tener malos pensamientos hacia quien lo provocó.
  4. Intentar aceptar la situación actual y, en la medida de lo posible, ir recuperando la confianza.
Como puedes ver no vale decir "te perdono" o "me perdono", que puede llegar a ser más complejo, sin más. No, no eso. Perdonar tampoco implica que tengas que olvidar lo que ha pasado y hacerlo no te asegura que todo vaya a volver a ser como antes porque, entre humanos, puede haber perdón sin reconciliación. ¿Sabes qué? ¡Hay que ser muy fuerte para poder perdonar! Por eso necesitamos a alguien de quien copiar. ¡Dios!

Si ves que te cuesta perdonar tal vez te interese leer este libro y, por supuesto, no dudes en volver a asomarte y recordar las lecturas del XXIV Domingo de Ordinario (Ciclo A), del pasado día 17 de septiembre y meditar con ellas. No seas egoísta, no te llenes de soberbia, y si ves que no eres capaz da un paso atrás para luego intentarlo de nuevo, persevera. No seas un siervo despiadado, nunca niegues a otro tu perdón porque su práctica te une a Dios. Confia en Él, siempre va a perdonar más que tú y te acogerá con una misericordia permanente a pesar de tus defectos. ¡Sigue su ejemplo! ¿Abrirás tu corazón? ¡Pídele que así sea! ¡Perdona y serás perdonado! 

Padre nuestro...

lunes, 3 de julio de 2017

¿Un amor de verano que te aleja de la murmuración? ¡Dios!

¿Nos echabas de menos? ¿Te has quedado esperando unas publicaciones que no han llegado? Antes de nada queremos pedirte disculpas por nuestro silencio bloguero y por la ausencia de nuestra publicación del mes de mayo, así como por el retraso en la de junio que llega ahora. Sentimos publicar tan tarde pero el Señor nos tuvo otros planes preparados y no quiso que nos sentásemos a escribir. ¡Qué bien que hoy estemos de suerte! Hoy es el día, hoy nos regala este agradable ratito de reflexión y redacción que siempre nos hace crecer. Esperamos que tu sensación al leernos sea la misma. 

¿Y sobre qué vamos a meditar en este post? Pues de un tema que nos quita la Cruz de encima y, a cambio, nos ahoga con el serrín en el que la convertimos; de un asunto que evidencia que así no amamos al prójimo como debemos y que, sin que nos demos cuenta, levanta altas y extensas barreras entre nosotros. ¿De qué hablamos? De la murmuración.



Murmurar, según el diccionario de la RAE, significa "hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo", "conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones". Y a veces esto nos resulta más fácil de lo que imaginamos, tanto que a menudo nos sale de forma casi inconsciente. 

En la página de la Santa Sede hemos encontramos un breve pero interesante documento, que si no lo conoces te invitamos a leer, en el que el Papa Francisco aborda este tema y del que hemos extraído nuestras citas. El Sumo Pontífice comentaba en él la carta a Timoteo (1, 1-2.12-14) y el Evangelio de Lucas (6, 39-42). Nosotros, en cambio, hemos querido quedarnos recordando el Evangelio de Mateo (7, 1-5) del pasado lunes, 26 de Junio. 

En él Dios también deja muy claro su mensaje: ¡No debemos juzgar! Hacerlo nos convierte en seres despreciables. Con frecuencia vemos el defecto de la persona que está a nuestro lado y fácilmente criticamos a quien se ha equivocado. Sin embargo, rara vez miramos nuestro ombligo antes de hablar para descubrir nuestras miserias, que también las tenemos. ¿Y qué ocurre cuando se cambian los papeles? ¿Te agrada saber que hay gente que habla mal de ti? Seguramente no y posiblemente tu reacción cuando te enteres venga acompañada de un enfado, reproches hacia esa persona y quién sabe si hasta de algún acto violento. Por favor, no es sencillo pero intentemos frenar de manera individual esa espiral poco saludable que acompaña al enjuiciamiento. Seamos más generosos e intentemos perdonar aunque duela rebajarse. 

"Juzgar los defectos de los demás, es contrario a la mansedumbre, a la humildad de la que habla el Señor" 
(Papa Francisco)

En nuestra parroquia no estamos a salvo de este problema y por eso hemos querido dedicarle una líneas al asunto. Sabemos que el año es largo, que pasamos mucho tiempo juntos, que somos diferentes y que, por ello, las fricciones entre nosotros a veces se vuelven inevitables. ¡Menos mal que siempre estamos a tiempo de buscar una solución! ¿Te animas a probar? Vamos a intentar llevar a cabo lo que te contamos a continuación: 

Aprovecha este verano, momento en el que cesan muchas actividades, y disfruta de unos días de descanso para que el amor de Dios, vivido desde otra perspectiva, pueda cicatrizar tus heridas; no seas rencoroso con aquello que (o con quien) te haya causado algún malestar; haz la vista gorda ante lo que te incomoda; recarga las pilas y vuelve en septiembre a tu centro parroquial habitual, lleno de alegría, para seguir haciendo comunidad. Si no eres capaz... habla con tu sacerdote que él te podrá orientar o aconsejar. ¡Ah! Y, sobre todo, no te dejes arrastrar por la rabia o el desconsuelo que pueden hacer que este verano, ayudado por las altas temperaturas que dicen que regresan en breve, se conviertan en tu infierno particular. Aprovecha y sal pero no solamente de vacaciones sino también a buscar la misericordia de Dios, que es grande. 


Haz todo el bien que puedas, pon más amor a tu vida y así el criticar, como el frotar de aquel anuncio, se va a acabar. Nunca olvides esto y evita un tropiezo porque...

"Las murmuraciones matan igual y más que las armas." 
(Papa Francisco)

¿Te inspira mejor alguna otra cita o lectura? ¿Tienes tú algún otro documento o vídeo (que sabemos que hay muchos) sobre el chismorreo? ¡Deja un comentario y comparte con nosotros la referencia, un link o un resumen del mensaje! ¡Cuéntanos también tu opinión! ¿Por qué no? No te dé vergüenza, ya has visto que por aquí somos tan imperfectos como tú.

Nos vemos, si el Pastor Divino quiere, a finales de septiembre para contarte qué tal el comienzo de curso y todas las novedades que tengamos. ¡Feliz verano y qué Dios te bendiga!

viernes, 28 de abril de 2017

Sé solidario, ten caridad, llénate de Amor y desborda bondad

En este mes de abril, en el que hemos rememorado la Pasión de Jesús y, sobre todo, hemos celebrado el inicio del tiempo Pascual, es cuando los cristianos debemos aprovechar para renovarnos, para cambiar nuestros hábitos e intentar mejorarlos. Es el momento de buscar una nueva forma de vida llena de Luz, de que inicies (reinicies o continúes) tu propio camino de fe, de intentar mantener la esperanza y de practicar la caridad.


La caridad debería ser la principal virtud de un cristiano. ¿Se puede pedir algo mejor que amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo? Jesús murió en la Cruz para salvarnos del pecado (incluido tú) y resucitó para que su Espíritu Santo habitara entre nosotros. Y con ese ánimo, con aliento de santidad y el valor suficiente, cada uno de nosotros, deberíamos derrochar esfuerzos por intentar ser mejores personas y, entre todos, algún día crear un mundo ideal. La realidad, sin embargo, es que actualmente formamos parte de una sociedad cada vez más egoísta. Las clases dirigentes no cesan de hablar sobre la globalización; pero sus acciones, con frecuencia, lo único que consiguen evidenciar es un claro interés particular, vacío de valores humanos, poco honestos y ajenos a la utópica igualdad que deberíamos perseguir. ¿Y a nivel individual? ¿Cuánto de solidarios somos con el sufrimiento ajeno? Seguramente, en más de una ocasión, muy poco. La sombra que arrastra el deseo permanente de mejorar nuestro estatus no anda lejos y eso hace que, a veces, giremos la mirada ante alguien que necesita nuestra ayuda si nuestra acción nos va a hacer salir de la zona de confort.

¿Crees que ese hubiera sido el modo de actuar de Jesús? De la caridad Él hizo el mandamiento nuevo: "que os améis unos a otros como yo os he amado". El Señor pide que te entregues, y que lo hagas de corazón, incluso con aquellos que te hacen daño; que te acerques al que está más lejos, que no te olvides de indefensos ni de los pobres. Y tal vez tú te preguntes... ¿acaso puedo hacer yo algo por esos pobres que andan lejos? ¡Siempre tienes alguna oportunidad! Nosotros desde aquí te invitamos a que, en estos días, te acerques hasta nuestro centro parroquial a conocer al grupo de Solidaridad con el Tercer Mundo. Hasta el próximo 30 de abril te esperan en una de las habituales campañas de Comercio Justo ¿te vas a quedar sin colaborar? 


San Pablo describe la caridad, a la que llama amor, y de ella nos dice que: es paciente y servicial. No se alegra de la injusticia sino que encuentra su gozo en la verdad; es carente de toda envidia y busca siempre el interés ajeno mejor que el propio. Disculpa y confía sin límites. ¡Haz todo el bien que puedas! La caridad es la virtud más grande que permanece junto a la fe y la esperanza. Mantén las tres a raya y conseguirás ejercitar la capacidad humana de amar hasta unos límites que seguramente todavía desconoces. Para ello, antes de despedirnos, queremos proponerte una cosa: prueba a ser más generoso contigo mismo, con los demás y con el Señor aunque no resulte fácil. ¡Quiérete, quiere, quiérele! ¡Disfruta de la alegría y la paz que esa experiencia te reportará! La caridad suscita la reciprocidad, es siempre desinteresada y generosa, es amistad y comunión.


¡Apuesta por la victoria del AMOR!